Comer sano es difícil. ¿Merece la pena? Cuándo dejar de comer caca y cuándo seguir haciéndolo.

Yo misma lo admito. Comer sano, en muchas ocasiones, se hace muy cuesta arriba. ¿Por qué no sentarnos en el sofá de nuestra casa y comernos 6 donuts por 2 euros? Veamos brevemente porqué es difícil llevar una vida saludable:

Primero, tienes que aprender qué demonios es saludable y qué no. Eso lleva mucho tiempo, porque el 70% de la información que hay ahí fuera es mentira, es confusa, o es una verdad a medias.

Segundo, tienes que poner ese conocimiento en práctica. Hay que ir a la compra, invertir tiempo en cocinar (lavar, cortar, pelar frutas y verduras, cocer patatas, legumbres, etc.) y aprender algunas recetas nuevas porque te acabarás cansando de comer siempre lo mismo. PEREZA MÁXIMA.

Tercero, si estás acostumbrada a comer mal, echarás de menos tu comida basura. Esta comida está diseñada para que tu cerebro la ansíe y la busque, y el placer instantáneo que produce un sólo bocado es difícil de resistir. Además, es barata, es guay y es estimulante. También es mucho más cómoda y rápida. ¡Todo son ventajas!

Cuarto, tienes que lidiar con el factor social de la alimentación, y decir NO, NO, NO, NO, a prácticamente todo lo que te encuentras cada vez que sales de casa. En nuestro mundo social la ‘comida real’ no vende, y las opciones saludables brillan por su ausencia, recuerda que vivimos en un ambiente obesogénico. Por esto mismo, cada vez que dices ‘no’, el resto del grupo te mira con cara de decepción, cuestiona tu decisión y te anima a cambiar de idea. “¿Por qué no bebes?”, “¿por qué no comes?”, “venga, pruébalo, que lo que no mata engorda”. Eres la rarita del grupo, y siempre lo serás. Muajajaja.

Bien, ya he sacado a la drama queen que llevo dentro y he lloriqueado sobre el lado negativo de la alimentación saludable. Antes de que me saltes a la yugular, déjame pararte. Ya sé que comer saludable puede ser fácil, que no tiene que llevar tanto tiempo, ni ser excesivamente caro. Aún así, conlleva un cambio de hábitos, un esfuerzo que no todo el mundo está dispuesto a realizar.

Hemos llegado al quid de la cuestión. ¿Merece la pena?

Como todo en la vida, para conseguir cualquier cosa hay que pagar un precio. Tienes que ser honesta contigo y preguntarte ¿realmente quiero hacerlo?

Personalmente, creo que hay personas que sí deberían invertir ese esfuerzo y otras que no.

Cuando NO merece la pena

Si has asomado la patita en el mundillo saludable – a pesar de que te horroriza- probablemente es porque has sido forzada a ello. No es ningún secreto que hoy en día la presión por tener un cuerpo delgado es muy grande, y muchas mujeres, aunque no lo quieran, se han visto obligadas a replantearse su alimentación y ponerse a dieta en contra de su voluntad. Quizá eres una mujer a la que su salud no le importa una M, disfrutas de la comida insana y estás orgullosa de ello, el ejercicio te trae sin cuidado y te sientes perfectamente tal y como estás. Si a pesar de todo esto la presión social te incita a desviarte de tu camino, déjame decirte que estás entrando al mundo saludable de la forma equivocada.

En tu situación actual, no estás dispuesta a pagar el precio. No quieres hacerlo, porque cambiar de hábitos es una decisión que han tomado otros por ti, no ha sido una decisión propia. Cuando hacemos cosas por obligación y no porque realmente queremos, nunca nos salen bien. Con alta probabilidad, entrarás en un bucle de dietas restrictivas en busca de resultados rápidos que sólo te harán odiar aún más el mundo saludable.

¿Mi consejo? Tienes que encontrar tu razón de peso para cambiar de hábitos (insisto, TU razón, no la de otros). Preferiblemente, de forma gradual y sin dietas milagro ni otras patrañas que se venden por ahí. Si no encuentras ninguna razón, sigue como estás y vuelve cuando estés preparada.

Personalmente, soy defensora de la vida saludable. Pero no quiero imponer mi estilo de vida a nadie. Cada una es dueña y señora de su propia salud, y debe saber cuándo cuidar de ella. Quizá este no es tu momento, pero probablemente algún día llegará.

Cuando SÍ merece la pena

Creo que esto es algo que cada una debería responder por sí misma. En mi caso, comer basura me hace sentir mal, cansada, lenta, letárgica y de mal humor. A pesar del indudable placer que me supone comer cualquier guarrería, lo cierto es que no me compensa. Estoy dispuesta a pagar el precio de llevar una vida saludable, porque no sólo disfruto del resultado, sino también del proceso. Soy más feliz.

Eso no quiere decir que de vez en cuando caega en las garras de la comida insana. Incluso hay momentos puntuales en los que quiero y me apetece, porque no me gusta ser 100% estricta en mi alimentación. Es cuestión de conocerse.

En resumen…

Todo el mundo debería apuntar hacia un estilo de vida saludable. Al fin y cabo, la salud es algo que nadie puede ignorar eternamente. Pero cada uno debe encontrar su momento. Recuerda, ni yo ni nadie sabe mejor que tú lo que quieres hacer con tu vida y tu cuerpo.

Todo cambio conlleva un esfuerzo, pero no tiene ningún sentido hacerlo cuando en el fondo, no quieres cambiar.

Ahora te toca pararte y pensar. ¿Por qué estás aquí? ¿Cuáles son tus motivos? ¿Los has decidido tú o lo han hecho otros por ti?

Si te apetece, cuéntamelo en los comentarios. También puedes compartir este post ren Facebook para que una avalancha de haters me diga que estoy promoviendo la vida no saludable (lo cual es mentira).

Próximamente escribiré sobre cómo hacer más fácil esa transición a la vida saludable que de primeras parece tan complicada.

Besis.

 

 

What do you think?

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*
*